Fernanda Meraz : Escritora

Bio

Nací en la Ciudad de México y en ella sigo, entre el gozo y la resistencia. Quizá por eso siempre insatisfecha, en la búsqueda, tomando rutas distintas.

He sido internacionalista, vendedora de barcos, grúas portuarias y supercomputadoras (sí, eso existía en áreas como la investigación científica). He construido futuros posibles con técnicas de prospectiva y en un tiempo fui especialista en TIC (así se llamaban: tecnologías de la información y la comunicación), con fines educacionales. También fui traductora de textos sobre ciencias sociales y más tarde coordinadora editorial de colecciones digitales sobre Historia, Ciencia y Literatura.

En aquel mundo workajólico tuve ratos «desocupados» en los que aprendí y apliqué gimnasia cerebral, neurofeedback y meditación (¡bendita Kundalini!). Mi vocación artística, soterrada en la locura de la productividad, tomó bocanadas de aire a través de la acuarela y el cello. Hacer brotar la música de un objeto inanimado (que cobra vida como Pinocho) es un alumbramiento. Evocarlo me eriza la piel. Toco para mí, ocasionalmente, porque aun sintiendo mariposas en el estómago sé que mi talento es pobre.

La escritura siempre estuvo, dentro del llamativo ropaje de la lectura. Silenciosa, demasiado discreta pero presente. Tan natural e inadvertida como respirar. Pero al reparar en ella con atención, todo cambió. La gran Ethel Krauze nos lo dijo en el cintillo a las escritoras que publicamos Intersecciones: «Cuando una mujer escribe su primera frase, algo ha cambiado ya en ella, y todo ha cambiado ya en el mundo».

Escribo como un acto identitario y de libertad. Cultivo el oficio con rigor y disciplina, en medio del placer y un alto grado de tormento, a bandazos entre diversión y angustia. No hay otra manera, es una forma de habitar el mundo. Escribir entraña un descubrimiento constante, vivir en el asombro. Por eso es en mí una adicción.


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