Al mes de separarnos tuvo departamento, muebles, vida. En casa todo seguía en su sitio.
Bien, paso a verte y hablamos, contesté al teléfono. Mis axilas escurrían cuando llegué. El balcón mostró una risa guasona. Dentro, los objetos alardeaban el poderío del dueño.
Bebimos. Nos envolvieron la confianza, la asiduidad. Me dejó conducirlo a la cama. No puedo hacerlo, musitó. Se puso de pie. Lástima, era un brindis por aquello que fuimos, dije a través del espejo mientras me acomodaba el cabello, no necesito más.
No todo seguía en su sitio.
Replica a Fernanda Meraz Cancelar la respuesta