Al entrar a la biblioteca y oficina de la directora el nerviosismo la carcome. A quién no le causaría angustia ese espacio de autoridad. Más cuando, si se porta bien, unos desconocidos la amarán.
Tan pequeña, tiene el ingenio para construir un puente. Toma un libro de fábulas y narra historias que ocurren en las imágenes de cada página.
Palabras en ráfaga, de timbre inusitadamente grave para una niña, llenan la habitación. Las miradas de los adultos le sonríen. Es el momento en que la ilusión palpita y puede andar. Toma la mano extendida de quien será su madre.
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